Hace 11 o 12 años, inspirada en los romanceros que leía y las poesías de la Antología de Luis Edgardo Ramírez, escribí este cuento llamado Azul. Una mezcla de romance, con la fantasía de Disney y un poquito de poesía. Aquí hay que perdonar muchas cosas, sólo era una niña.
Plebeya:
¡Oh, madre rendida vengo!
¡Malhaya la suerte mía!
Estira tu lomo doblado
bajo la luz del día.
Seca el sudor de tu frente
y siéntate bajo el árbol.
Escucha ahora a tu hija
que la pena la está ahogando.
Madre:
¿Qué penas llenan el pecho
y a sus ojos desborda
a la gentil y bella plebeya
que día y noche sólo borda?
Plebeya:
Es por eso que he venido
dejando la estela del llanto
pues mi oficio inocente
ahora me trae quebrantos.
Desde pequeña he bordado
con mucha habilidad
pañuelos, mantas, vestidos,
día y noche sin cesar.
No he conocido el mundo,
sólo bordado nombres
y ahora mis labios sintieron
el calor de los de un hombre.
Madre:
¡Por nuestro Dios Ana Herminia!
¿Qué acabo de escuchar?
¿Un hombre tan atrevido
ha podido tus labios besar?
Olvídalo todo hija mía,
Haz que nada pasó.
Ora un rato en la Iglesia,
¿Ya el cura te confesó?
Plebeya:
No, mi madre querida,
tus consejos quisiera seguir.
Pero por más que lo intento
no olvido sus labios carmín.
Madre:
¿Quién es entonces ese hombre,
dónde y cuándo te besó?
He de creer hija mía
que sin querer te enamoró.
Plebeya:
No sé su nombre,
sólo sé su inicial,
que junto a la mía en un pañuelo
le pude esa noche bordar.
Bordaba tranquila yo, madre,
la hoguera y la vela encendida
y desde lejos en aquél frío
el galopar de un caballo se oía.
Pasaron unos minutos
y a mi puerta llamaron
y al yo abrirla, inocente,
sus ojos me derrotaron.
¡Qué mirada tan fija!
¡Qué blanca era su piel!
!Oh, qué voz la suya, madre!
tan dulce o más que la miel.
Cansado venía de guerra,
herido su hombro derecho
y mientras nerviosa lo curaba
de mis labios se robó un beso.
Me hizo bordarle un pañuelo
con su inicial y la mía
y prometió firmemente
que por mí él volvería.
SE ABREN LAS PUERTAS DE PAR EN PAR.
LAS PUERTAS DEL PALACIO.
CON FRENÉTICO GALOPAR
EL PRÍNCIPE SE HACE ESPACIO.
Príncipe:
¡Herido vengo mi madre!
En dolor me estoy ahogando.
Reina:
¿Qué te pasa hijo mío?
¿Te malhirieron en la guerra?
Te traeré curanderos,
los mejores de esta tierra.
Príncipe:
Lo que traigo, ¡Oh madre mía!
Con brebajes no se cura.
Vengo embriagado todo
de su olor y su hermosura.
Reina:
De guerra vienes, mi hijo
no de reinos vecinos.
Me temo que esa doncella
no vivirá en un castillo.
Príncipe:
No es princesa
Más hermosura que una tiene.
Reina:
Su sangre no es azul, hijo,
y tú un príncipe eres.
Príncipe:
¡Pero inventémosla, madre!
diremos que es de un reino lejano.
Madre:
Mentir no puedo en el trono,
al pueblo se lo he jurado.
Príncipe:
Yo mentir tampoco puedo
ni a mi corazón ni a mi alma,
mucho menos a la plebeya
a quien he jurado buscarla.
Madre:
¿Has dado tu nombre, hijo mío?
Príncipe:
No madre, sólo mi inicial
para que en un pañuelo bordara
mi consonante y su vocal.
Madre:
Has hecho bien, hijo mío,
así no te buscará.
Y ahora para olvidar
una princesa desposarás.
Príncipe:
¡Malhaya sea mi linaje!
¡Ojalá lo pudiera arrancar!
SALE EL PRÍNCIPE PRONTO
Y LA REINA MANDA A LLAMAR
A SU MÁS FIEL SIRVIENTE
EL CUMPLIDOR JONÁS.
Reina:
¡Gracias a Dios, Jonás!
Qué rápido has llegado.
Jonás, el sirviente:
¿En qué le sirvo señora?
ahora, ¿qué es de su agrado?
Reina:
Discretamente día y noche
a mi hijo seguirás
y todos sus movimientos
a tu reina contarás.
¿A dónde fue? ¿A quién vio?
Si lloró o si rió.
Jonás, el siriviente:
Perfecto, mi señora.
Todo quedó entendido.
Reina:
Retírate entonces Jonás,
sirviente cumplidor mío.
PASADAS UNAS SEMANAS
LA PLEBEYA BORDANDO ESPERABA
Y EL PRÍNCIPE EN SU CASTILLO
OLVIDARLA INTENTABA.
DE UN REINO AMIGO
LLEGÓ UNA BELLA PRINCESA,
DE BUCLES MUY AMARILLOS,
DE BOCA COLOR CEREZA.
COMPROMETIDA CON EL PRÍNCIPE
A CASARSE ELLA ESTABA.
LAS NUPCIAS CONTRAERÍAN
EN CUESTIÓN DE UNA SEMANA.
EL PRÍNCIPE ESTBAA MUY TRISTE
YA NI BOCADO PROBABA.
LA PLEBEYA ESTABA INQUIETA,
MUY ANSIOSA ESPERABA.
UNA NOCHE MUY OSCURA
PERO CON MUCHAS ESTRELLAS
CABALGANDO SE FUE EL PRÍNCIPE
A VER S U AMADA PLEBEYA.
SIN PERCATARSE QUE TRAS ÉL
UNA SOMBRA IBA
EL FIEL SIRVIENTE JONÁS,
EL QUE SUS PASOS SEGUÍA.
Príncipe:
Abrid la puerta doncella,
que verla ya yo requiero.
Plebeya:
¿Ha venido, caballero,
guiado por un lucero?
Príncipe:
Mucho la he extrañado
durante todo este tiempo
necesito besar sus labios
aunque sea sólo un momento.
Plebeya:
Aguarde un momento
que noto cosas extrañas.
La angustia que trae en sus ojos,
su vestimenta tan blanca.
Príncipe:
¡Oh querida doncella!
de eso tengo que hablar.
Mi angustia y mi vestimenta
no son de casualidad.
Prendado estoy yo de Usted,
de su mirada,
de Usted toda,
pero me temo amada mía,
que he elegido mal la persona.
Sangre color azul
por mis venas corre.
Venas que cortaría
sin dudarlo en su nombre.
Plebeya:
Eres hijo de reyes
de una plebeya te has prendado
tomando su corazón,
envenenando sus labios.
Me diste vida al principio
más ahora me la arrebatas.
Hablando de tu linaje
Escondidas palabras que matan
Príncipe:
He de contraer nupcias
con la princesa del reino amigo.
Más te juro ante Dios, doncella,
que sólo quiero estar contigo.
Plebeya:
Azul son tantas cosas, príncipe.
Azul es el cielo y el mar,
azul tengo muchos hilos,
azul tiene el pavorreal;
azul se ven mis cabellos
con los destellos del sol
azul corre por tus venas
y azul es mi corazón.
Tú lo pintaste todo, príncipe,
cuando mis labios besaste.
Azul y marchito está ahora,
así tú me lo dejaste.
Príncipe:
No digas eso doncella,
te lo pido por favor
que cada palabra atraviesa
como dagas mi corazón.
Como prueba de que la amo
y que con Usted quiero estar
Un plan que mucho he pensado
quiero a cabo llevar.
El día después de mis nupcias
hacia otro reino partiré
a conocer familiares
de quien será mi mujer.
Esa noche acamparemos
a orillas del manantial
y tú tras la roca más grande
paciente me esperarás.
Dos caballos y provisiones
pronto te haré llegar
Y así a nuestra partida
nada nos ha de faltar.
A penas caiga en el sueño
la joven princesa inocente,
tras la piedra que te he dicho,
rápido iré a verte.
Plebeya:
Pero, ¿Qué camino tomamos?
¿Dónde nos esconderemos?
¿Cuál será mi morada?
¿Abandonarías tu reino?
Príncipe:
Renuncio a todo, doncella.
A mi casa, a mi madre, al trono,
al reinado que me espera,
a mil lingotes de oro.
Seguro estoy y lo juro,
que ansío estar con Usted,
sentir el calor de su abrazo,
lo suave de su blanca tez.
Nos iremos a cualquier sitio
donde nadie haya oído mi nombre,
donde no hayan visto mi cara,
sonde sea tan solo un hombre.
Plebeya:
Confío en tu palabra,
haremos lo indicado
y cuando todos despierten
ya nos habremos marchado.
PERO OTROS OÍDOS HABÍAN
QUE DE TODO SE ENTERABAN.
EL SIGILOSO JONÁS
TRAS LOS ÁRBOLES ESCUCHABA.
MARCHOSE PRONTO AL PALACIO,
A INFORMARLE A SU REINA
EL PLAN SUPUESTO Y SECRETO
DEL PRÍNCIPE Y LA PLEBEYA.
Reina:
¡Hay que hacer algo, Jonás!
No podemos permitir,
que el príncipe y la plebeya
puedan esa noche partir.
¡Démosle muerte a ella!
Es la única solución.
Jonás, el siriviente:
No es prudente mi reina,
ni acertada su decisión.
Reina:
Entonces ¿qué haremos?
yo ya no puedo pensar.
Creía que la dulce princesa
podría hacerlo olvidar.
Jonás, el siriviente:
Se me ha ocurrido una idea,
que por siempre alejará
a la plebeya del príncipe
ella hasta lo odiará.
Días antes de las nupcias
su majestad actuará
como enferma y débil
más no debe exagerar.
El día después de sus nupcias,
cuando ya parta su hijo,
noticias de su muerte
le llevarán al camino.
Cegado por el dolor
el príncipe volverá
Y la plebeya toda la noche
tras la piedra esperará.
FINGIÓ LA REINA POR DÍAS
SU EXTRAÑA ENFERMEDAD
MÁS NO EXAGERABA NADA
PARA AL PRÍNCIPE NO ALARMAR.
LLEGÓ EL DÍA DE LAS NUPCIAS
Y EL PRÍNCIPE ANSIOSO ESTABA
DE QUE AMANECIERA PRONTO
PARA ESCAPAR CON SU AMADA.
PARTIERON ENTONCES TODOS
ANTES DEL CANTAR DEL GALLO
DEL PALACIO CARAVANAS
CON SIRVIENTES Y CABALLOS.
CON LÁGRIMAS EN EL ROSTRO
SE DSPIDIÓ LA PLEBEYA,
DE SU QUERIDA MADRE,
DE SU QUERIDA TIERRA.
DEJABA TODOS SUS HILOS,
DEJABA TODO LO SUYO,
PARECÍA COMO LA FLOR
CUANDO DEJA DE SER CAPULLO.
EN EL CAMINO DEL PRÍNCIPE
SE CRUZARON MENSAJEROS
QUE LA MUERTE DE LA MADRE
COMO NOTICIA TRAJERON.
TAL COMO LO PREVISTO
CEGADO POR EL DOLOR,
EL PRÍNCIPE A SU REINO
DE INMEDIATO SE DEVOLVIÓ.
ESPERÓ TANTO LA PRINCESA
HASTA QUE LOS RAYOS DEL SOL
DIERON EN SUS MEJILLAS
Y SOLA SE DESPERTÓ.
Madre:
Hija mía, estás de vuelta.
Más desgastada de lágrimas.
Creo que sus promesas,
no fueron más que palabras.
Plebeya:
¡Oh madre, rendida vengo!
¡Malhaya la suerte mía!
he creído que el océano
se secaría en un día.
He creído en que el sol
nunca se ocultaría,
he creído en sus palabras,
he creído en sus mentiras.
Marchémonos lejos, madre.
Lejos de éste lugar,
donde mi corazón olvide
lo grande de este pesar.
Madre:
Haré lo que sea mi hija
para hacerte olvidar
los malos ratos vividos
que el príncipe te ha hecho pasar.
PASADOS ALGUNOS AÑOS
VOLVIERON TIEMPOS DE GUERRA
REINOS VECINOS PELEABAN
POR EL CONQUISTAR DE LAS TIERRAS.
LOS HOMBRES DE TODOS LOS PUEBLOS
A LAS GUERRAS SE MARCHABAN
Y SOLAS A SUS MUJERES
EN LOS HOGARES DEJABAN.
CON ESPERANZAS Y MIEDO
A LAS HIJAS RESGUARDABAN
CURABAN A LOS HERIDOS
QUE DE TODAS PARTES LLEGABAN.
UNA DE TANTAS NOCHES
A LA PUERTA LLAMARON
DE LA TRISTE Y HUMILDE PLEBEYA,
LEJOS DE SU TIERRA HACE AÑOS.
Jonás, el sirviente:
Ayuda le solicito
por lo que Usted más quiera.
A mi hijo herido traigo
¡no deje que se me muera!
Plebeya:
Pase pronto, buen hombre,
y dejada a su hijo en mis manos
que mi madre, Dios y yo
con gusto nos encargamos.
AL HIJO DEL CABALLERO
MUCHOS DÍAS CUIDARON
CURARON SUS FUERTES FIEBRES
SUS HERIDAS LIMPIARON.
Jonás, el sirviente:
No tengo cómo pagarles
lo que por mi hijo han hecho
Cuidaron de su salud,
nos brindaron un techo.
Plebeya:
No se preocupe, buen hombre.
Agradézcaselo a Dios
que de todos es el único
que le ha hecho un favor.
Jonás, el sirviente:
¡Oh doncella! Eres tan buena
que me siento yo muy mal
pues mi consciencia no puede
día ni noche descansar.
Le voy a contar una cosa
que no me perdonarás
pero tenga por seguro
que trataré de remediar.
Muchos años he trabajado
para una reina malvada
y su maldad me ha llegado
ha contaminado mi alma.
A un príncipe conociste
hace años, antes de partir;
tú te prendaste de él
y él se prendó de ti.
Más su amor era imposible
sangre azul había en sus venas
y Usted era únicamente
una vulgar plebeya.
Planearon una noche,
irse lejos, escapar
más yo sigilosamente
todo pude escuchar.
Conté a la reina sus planes
para impedir su partida.
Para ello ideé un plan
en el que la reina enfermedad fingía.
El día de su encuentro
correría la noticia
de la muerte de la reina
y no se reunirían.
Todo salió perfecto
el príncipe se devolvió
más a la reina viva
cuando llegó encontró.
Dijeron que eran rumores
que habían creado en el pueblo
cuando en realidad era un plan
para impedir su encuentro.
Infeliz y triste el príncipe
ha estado durante años
la ha buscado a Usted
en todo reino aledaño.
Su estado ha empeorado
desde que enviudó
pues su esposa, la princesa
de fiebre se le murió.
Ella murió muy joven,
sin llegar al trono heredar
y ningún hijo al príncipe
nunca le pudo dar.
Ahora se muere el príncipe,
se muere de depresión,
se muere de soledad,
se muere de mal de amor.
Pero, discúlpame doncella
yo todo haría por curar
la herida en el corazón
que por mí Usted ha de llevar.
¡Acompáñeme al reino!
Se lo imploro, por favor,
Venga y dele vida al príncipe
complázcame por favor.
Plebeya:
¡Oh caballero!, no creo
lo que acabo de oír
he sido víctima por años
de una mentira vil
Más aunque mucho mal ha causado
te perdono cuanto hiciste
pues como buen caballero
ya te arrepentiste.
¡Déjeme llorar a solas!
mis penas desahogar
que el engaño y el dolor
tan fácil no se ha de olvidar.
Siento que mi vida
en el suspiro se me va,
con el vaivén del viento
con los pájaros al cantar.
¡Déjeme llorar a solas!
déjeme sentir
cómo se siente el morir
cuando uno está en el vivir.
La vida se le está yendo
mi vida se va tras él,
ahora que sé que es bueno
y que aun me ha de querer.
EL CIELO TODAVÍA AZUL
FUE TECHO DE LA PARTIDA
EN EL QUE LA PLEBEYA Y JONÁS
A VER AL PRÍNCIPE IBAN.
LLEGARON A LOS DOS DÍAS
A LAS PUERTAS DEL PALACIO
PERO A ANA HERMINIA SE LE IBA
EL TIEMPO MUY, MUY DESPACIO.
Plebeya:
¡Quiero verlo pronto!
ya no puedo esperar
diez años sin tocarlo
han sido una eternidad.
AL ENTRAR AL CUARTO
FUE EL DOLOROSO ENCUENTRO
DONDE LA PLEBEYA VIO
AL PRÍNCIPE CASI MUERTO.
Plebeya:
¡Oh príncipe! Despiértate por favor.
Soy yo, soy Ana Herminia,
la doncella que te prendó.
Príncipe:
Doncella ¿eres tú?
dime que no es un sueño,
dime que todo es cierto,
Dime que no estoy muerto.
Plebeya:
No, príncipe, es real.
Estoy aquí contigo
para remediar así
todo el tiempo perdido.
Príncipe:
¡Ah malhaya sea mi suerte!
tanto tiempo he llamado la muerte
y siento que me hiela la sangre
justo al momento de verte.
Plebeya:
¡No príncipe! No me dejes,
yo la calentaré
mil caricias y mil besos
cada segundo te daré.
¡No me dejes ahora!
Ya todo está aclarado
Ya tengo por seguro
que siempre me has amado.
Nos iremos a otro sitio
donde nadie conozca su nombre
ni tampoco su rostro
donde sea tan solo un hombre.
Príncipe:
Ya es muy tarde, doncella,
ya me siento fallecer
pero me siento feliz
de tenerla al lado otra vez.
Besa mis labios ahora,
mientras los pueda sentir,
besa mis labios ya secos
con tus labios carmín.
Dale vida a un moribundo,
a un moribundo feliz
que vio al amor de su vida
justo antes de morir.
Que la esperó todo el tiempo,
febrero, marzo, abril…
que llegó precisamente
a la hora de despedir.
Azul corre por mis venas, Ana,
azul tiene el pavorreal,
azul son los días tristes
que nosotros vimos pasar.
Azul es a donde voy,
a donde te voy a esperar.