
Se ha propagado rápidamente entre mis amigos y conocidos una nueva moda: casarse.
A todos nos llega esta época en algún momento de la vida, es como cuando estábamos en noveno o cuarto año que íbamos todos los fines de semana a una fiesta de 15; pues llega la edad en que vas a los matrimonios de tus amigos y probablemente organices el tuyo propio. Lo que nunca pensé es que a los 23 iba a empezar el efecto dominó. (¿Soy yo o es el mundo?)
No son nada más mis amigas y conocidas las que están dando el paso, sino también mis amigos (hombres) lo cual es más increíble todavía. Sí, lo hicieron por su propia cuenta y sin estar preñados. Todos aquellos que no están comprometidos es porque ya se casaron. Y la mortificación de todas aquellas a las que no les llega la hora es directamente proporcional al mensaje tan equivocado que están enviando a sus dates. Le están diciendo hasta con los gestos “Yo te lavo, te plancho, te hago la cena. Casémonos y mantenme hasta que la muerte nos separe”. Ttt Ttt Ttt Ttt (eso fue un chasquido de lengua), qué buena manera de espantarlos.
Ahora bien, aclaro que no es una crítica es sólo una observación de lo que está pasando en mi entorno. Yo misma estuve a punto de ser parte de la Fiebre Matrimonial y para estas fechas quizás ya estuviera organizando los mil peos que implica una boda a lo tradicional. De hecho, estoy muy contenta por mis amigas que se han lanzado al agua, ¡por fin van a poder tirar todos los días, sucias!
El caso es que pienso que es súper necesario vivir lo que hasta ahora estoy viviendo para dar ese paso. Salir de tu casa directo a la casa de tu esposo(a) no te está dejando chance para conocer lo que eres por ti mismo. Y ese es el proceso en el que ahora estoy: aterrizando lo que soy, a punta de coñazos y de cositas buenas también.
Creo que más adelante, tendré más información sobre mí que me permita estar consciente de lo que puedo y quiero ofrecer y demandar para convivir y compartir el resto de mis días con alguien. Este proceso, probablemente no se detenga jamás. Lo que no quiero ni imaginarme es el desastre que pudo haber sido salir de la burbuja de mi casa directo a mi hogar de mujer casada. ¡POBRE HOMBRE!
Vengo de una familia ultra católica; yo me considero católica también, tengo fe, soy devota, rezo y, de vez en cuando, voy a misa. Digamos que le apuesto a la espiritualidad en vez de al fanatismo religioso; sin embargo, sigo siendo creyente de todo lo que pueda abarcar un acto de fe, no de lo que sea manipulable por una institución (Señor Benedicto, el condón no es malo, sino lo cree, vaya y dese una vueltita por África; si sigue sin creerlo, venga y conozca a Chávez para que entienda que su madre debió usar condón para evitar esa concepción). Mis reservas con la Iglesia son bastantes y hablar de eso sería otro post. Las caras de preocupación más severas que he visto a mi mamá, era cuando desde niña me escuchaba criticando a la Iglesia o cuando me encontró en el confesionario cuestionando al cura antes de hacer la primera comunión (El padre no me dejó comulgar ni con las obleas del ensayo). Por lo tanto, mi mentalidad a la fecha, podría generar un infarto colectivo desde mi abuela, hasta la señora de servicio. Incluso, hasta algunas de mis amigas me ven como una vaina rara cuando hablo de eso: concubinato.
La palabra es demasiado niche, es verdad, suena a la cachifa que vive con el vigilante y tienen 7 hijos. Odio cuando dicen “nos vamos a viví juntos”, me parece una marginalidad también. Pero apoyo 100% esta teoría, lo cual no quiere decir que necesariamente lo vaya a aplicar. Digamos que pienso que sería ideal.
Lo grave fue en un almuerzo dominguero, estando la familia congregada cuando en medio del tema de los matrimonios, los divorcios, etc. Sucede lo siguiente:
- MdlA.-: Por eso es que yo tendría que vivir con mi novio antes de casarme.(Ruido de todos los cubiertos cayendo al plato, miradas desviadas a la chinita que masticaba)
- Mamá: María de los Ángeles, no digas esas cosas ni en broma.
- MdlA.-: Está bien, no te las digo, te enterarás cuando pase entonces.
- Mamá: ¿Entonces ahora no te piensas casar?
- MdlA.-: Claro que sí, después de que viva con el tipo y comprobemos la tolerancia…entre otras cosas que hay que comprobar.
- Mamá: ¿Y por qué no la compruebas casada? ¿Cómo vas a preferir meterte a vivir con un hombre? Por el amor de Dios
- MdlA.-: Porque la idea no es terminar divorciada, como mi papá y tú.
Estoy segura que mi mamá entendió mi punto y su mortificación recae en el hecho de cambiar las costumbres, de atentar contra algún mandamiento, de qué dirá toda la familia, de calarse la ladilla de mi papá atacado, de que pongan en duda su buena labor de crianza.
Cuando a un maracucho le dices lo chévere que es su esposa, te responderán así:
“Viví con ella pa’ que veaís”. No puede ser lo mismo la convivencia relativa con una persona, que la verdadera convivencia diaria.
Si te arrechas con tu novio, te deja tirada en tu casa y ya: Entras a tu cuarto, usas tu baño, comes en tu cocina, no lo tienes que ver y si te da la gana lo llamas antes de dormir para insultarlo y tener dulces sueños. Ahora, las cosas pueden cambiar mucho cuando te arrechas con la persona que vives y tienes que esperar que salga de la regadera para entrar tú, de paso, acostarte en la misma cama y correr con el riesgo de que el huevón te desarrope o empiece a roncar.
Hay miles de cosas que en ese convivir se descubren que te dan chance de saber si eso es lo que quieres para el resto de tu vida o no. Quizás es porque vengo de una familia de padres divorciados que apoyo el hacer lo que sea necesario para no repetir el cuento, así esté cayendo en pecado ante los ojos de los demás. Pero esta vida es mía, ¿no?
Las personas en contra de esta posición, también tienen sus razones válidas, respetables… y lo que les puedo decir es que lo que hay es que estar claro en trazar el objetivo de lo que se está haciendo. No es chévere tener un hijo en esas condiciones, por lo menos, ni tampoco aletargarse en la comodidad que el supuesto no-compromiso representa. Por mi parte creo que someterse a una prueba de esa magnitud es un compromiso tan grande como haber firmado el papel.
Nunca fui la Susanita del grupo pero me he visto rodeada de ellas, amigas, conocidas y familia que su único objetivo en la vida es casarse, que si en la universidad existiera la carrera “Ama de Casa” serían
summa cum laude todas y hasta terminarían como profesoras
ad honorem de la materia “Haz feliz a tu marido siendo la perfecta inútil”. Por supuesto, el matrimonio a veces es una ilusión que representa el clímax de una relación y cuando nos enamoramos, pues aparece en alguna parte de la carretera. Es llegar al llegadero y empezar una nueva experiencia de la que yo no puedo hablar.
He visto matrimonios de muchos tipos y siempre hay un patrón que uno quiere seguir. Yo reconocí hace mucho tiempo mi patrón favorito, pero lamentablemente parece que en ese tema, no hay pasos firmes que rastrear.
No sé por qué, las ceremonias en las que soy protagonista (Por ejemplo: mi cumpleaños) me ponen un poquito incómoda. No sé qué cara poner cuando me están cantando frente a la torta, ni cuando me dan reconocimientos en público y, es súper chistoso, pero de chiquita mi mayor preocupación sobre el matrimonio era darme un beso con mi novio en la Iglesia frente a mi papá y ese gentío (Juro que eso lo pensaba mucho). Así que para mí Las Vegas o algo así, sería perfecto.
Baaahh…hablar tanta huevonada sobre este tema que ni he vivido para que al final, capaz quede solterona con cien ahijados. ¡Ja!