Un viaje tiene una cantidad de anécdotas imposibles de postear. Un resumen de la semana sería: Lima es la ciudad donde he comido más y mejor en mi vida; En Medellín no es un mito que las tipas están buenísimas todas (casi tanto como las valencianas) y en Bogotá un sencillo "Amo el Mandarino" lo dice todo, pues este año volví a celebrar en Andrés mi post-cumpleaños hidratándome con este elixir.
Sin embargo, como suele pasar, la noche que más cansada estaba y a la que no le apostaba un medio, terminó siendo la de la experiencia más rara y divertida del viaje. Así comienza el fin de semana:
Recibo un mensaje de mi prima ya casi terminando el día donde me hace una invitación a un par de planes:
- A una disco a acompañar un rato a sus amigas.
- A un bar donde a una de sus amigas de la universidad le iban a celebrar su cumpleaños tipo "despedida de soltera"
Esta chinita termina sus diligencias, echa su repectivo power nap, se baña, se viste y baja a la recepción del hotel.
MdlA.- : Buenas noches, voy a pedir un taxi por favor.
Recepcionista varón: Sí, Señorita Pérez. ¿Se lo cargo a la habitación?
MdlA.- No, efectivo. Una pregunta, ¿me puedes decir si la carrera tal con tal está muy lejos?
Recepcionista varón: Como a 20 minutos, señorita.
MdlA.-: Muy bien. ¿Y de ahí
a este sitio llamado Apolo's cuánto tiempo hay?
Recepcionista varón pela los ojos y pone sonrisita nerviosa.
Recepcionista varón: ¿Apolo's el de la carrera tal con tal?
MdlA.-: Sí, ese mismo. ¿Está muy lejos?
Recepcionista varón: (con sonrisita nerviosa y cara de picarón) Como a veinte minutos más, señorita Pérez.
MdlA.-: Ok, muchas gracias.
Recepcionista varón: ¡Un gusto!
Salgo del lobby a fumarme un cigarro mientras espero el taxi y veo que la congregación del recepcionista varón con de más supervisores y botones me miran, cuchichean y se ríen. ¿Qué coño les pasa? ¿primer acento venezolano que escuchan?
La noche empieza encontrándome con mi prima y unas amigas en una disco, nos tomamos unos tragos, vueltas de reconocimiento y llega la hora de irnos al "Cumpleaños-Despedida-de-Soltera-supuesta" de otra de sus amigas.
Llegamos a Apolo's.
El lugar tenía el nombre escrito con tubos de neón azul como doblados a mano en la fachada; parecía el vagón nueve y tres cuartos de Harry Potter porque de vaina se distinguía la entrada entre los locales de alrededor. Curiosamente la entrada estaba vacía con un gorilón de dos metros en la puerta de brazos cruzados. Cuando ven llegar a dos mujeres solas la gente de alrededor nos mira y se ríe. ¿Qué está pasando? ¿Estará muy descombinada mi pinta de invierno para estos rolos? Después de preguntar si teníamos reservación, damos los datos respectivos y por una escalerita empinada nos invitan a pasar.
OH-MY-GOD.
Debí imaginarme que con ese nombre la vaina debía ser el antro que era. Pero venía de Medellín donde la discoteca se llamaba "Dulce Jesús Mío" y adentro era un desnalgue, ¿por qué iba entonces a inferir que Apolo's era un BAR DE STRIPPERS? Sí, señores. Un bar de Strippers y no precisamente tipo Cheap N' Dale manquesea.
Entramos a la vaina. Ok, ¿por dónde les empiezo a contar?
El sitio: Tarima de pasarela en el medio, rodeada de mesas en las cuales se conglomeraban los grupos de mujeres veraneadas. Luces de neón por los filos del techo y música punki-punki.
Los mesoneros: Tipos de pecho afeitado con un atuendo tipo sultán (pero disfraz del mercadito guajiro) de pantalones blancos bombachos y cinturón grueso.
El público: Viejas niches (para mis amigas colombianas: viejas ñeras) mal vestidas, con el pelo chicha y de colores rojo puta o amarillo pollito que tenían la capacidad de sudar a chorros y gritar a decibeles inhumanos.
Mi grupo: Sifrinitas SÚPER panas o "súper queridas" en edad universitaria, estudiantes de Los Andes (es como la Metro de Caracas), bellas, con pintas espectaculares, BlackBerry de forros fosforescentes en la mano, tomando los cocteles más estrambóticos del sitio y gozando una bola. La mitad eran de Cali, la otra mitad eran rolas.
Los Stripper
s: Tipos que se han inyectado hasta espinaca a ver si les funciona lo de Popeye, con músculos hasta en los párpados, estrías en las nalgas, pelo engominado o en su defecto secado en pinchos multicolor (Como si a la mamá la hubiera preñado una guacamaya) y por su puesto tangas equipadas con motas de goma espuma y quizás un durazno – o hasta un aguacate- en el bulto delantero. Algunas de ellas tenían decoraciones de tachuelas y calaveras lo cual le daba un toque solo un poco más grotesco. La cara de vallenateros de todos era creepy y los tatuajes más niches de presidiario que se puedan imaginar le cundían el cuerpo. Por supuesto, todos estos tatuajes eran inentendibles pues la piel la tenían tan estirada que lo que en algún momento fue un tatuaje de un ancla, hoy era un papagayo o cualquier vaina.
Empieza el Show.
Desde la tarima, los tipos hacen bailes de apareamiento tipo Village People donde fueron desde policías (y de pana parecían PM's) hasta gladiadores. Al final siempre quedaban en sus tangas equipadas y finalizaban la canción (en cuyo set por supuesto no faltó I'm Too Sexy) con un gutural grito de "JUUUUUEEEE" y una pose congelada. Debo reconocer que esto fue priceless.
Show tras Show, las mujeres de alrededor iban liberando más y más feromonas, gritaban más duro, la histeria aumentaba y los tipos se empatucaban más en sudor hasta que brillaban en la oscuridad.
Cuando terminan de demostrar ese talento infinito desde el centro de la tarima, de enseñar ese culo depilado con cera hasta más no poder…es cuando empieza lo bueno.
Estos especímenes van de mesa en mesa bailando y perreandole a las tipas. Cuando terminaban de restregarse eróticamente contra alguna en su nivel máximo de excitación y no sin que antes le metiera un billete en el bulto de goma espuma y le manoseara las nalgas llenas de estrías, este se separaba con su cara de latin-lover de barrio, les daba un beso y proseguía a recostárselo a otra.
Llega el momento en que los Jhony Bravo de barrio llegan a nuestra mesa. La cara de todas era un poema. Fue una competencia quién sacaba el BlackBerry más rápido para inmortalizar el momento de aquella "dichosa" del grupo que tuviera a ese papi en frente.
Escucho entonces un grito "¡Mirá Angelita, vení!, esa es carne venezolana papi". Mi amiguita homenajeada, una de las caleñas, dirigió la atención completa del tipo hacia esta chinita.
Lentamente viene de frente, con su torso acartonado, se va acercando con su mirada punzo penetrante clavada en mis tetas y la mandíbula ladeada. ¡El coño de su madre! Justo cuando ya tenía el bulto con tachuelas a la altura de mi cara pegué un grito.
El grito no fue de dolor, ni de vergüenza, ni de susto, ni de nervios, no fue nada de eso. El grito fue porque el Señor me ha dado una sensibilidad olfativa perruna gracias a la cual puedo vomitar con los malos olores y los buenos me ponen de buen humor. Y sí, este hombre olía a MIERDA.
Era un olor a sol. Era un olor a officeboy cuando entra a una oficina con aire acondicionado a las 12:30 pm y toda la estancia huele a él. Olía a sudor rancio. Esto sólo me dio dos opciones: 1) pegarle un cabezazo en las bolas para que se alejara y me dejara respirar o 2) gritar tan alto que lo espantara para así también poder respirar. Como no soy agresiva siempre y cuando no beba tequila, elegí la segunda opción, al mismo tiempo que tapaba mi cara y me lanzaba hacia un lado para evitar hacer contacto con esa masa sudada o que alguna gota me cayera encima. El tipo se asustó burda, se echó para atrás y se fue. Misión cumplida.
Pero amigos, la diversión aquí no termina. Tuvimos premiaciones y todo. A cada homenajeada le daban premios cortesía de Centros de Estética, entre los que figuraban cirugías de nariz, masajes tonificadores de glúteos, productos de HerbaLife, sesiones de masajes, hidrataciones y de más. Verdaderamente, la mayoría de esas tipas necesitaba todo eso junto.
El animador, tipo Winston Vallenilla pero caliche, anunciaba sus premios así:
- La homenajeada de la mesa número uno, Sandra Restrepo, es la feliiiiiiiz ganadora de un tratamiento de Belleza del Centro de Estética "Ponga_un_nombre_aquí" por un valor de 170 miiiiiiiiiiiiil pesos. Además de una merengada nutritiva cortesía de HeeeeeerbaLife. Escoge Sandra, quién quieres que te de tu premio ¿Kevin, Jerson, Jackson, Johansen o Jooooooohn Jairo?
Por supuesto, estos eran los strippers quienes entregaban el premio no sin antes sobarlas de manera erótica.
Al salir del local, las quince mujeres estábamos cagadas de la risa y hasta con servilletas que Kevin, Jerson, Jackson, Johansen o John Jairo hicieron llegar con su número telefónico. Seguimos caminando por las calles de Bogotá hasta otro mejor sitio donde pudiéramos seguirla y agarrar un taxi a las afueras de algo que nos diera mayor tranquilidad.
Haber escuchado todo ese día "I gotta Feeling" fue un presagio de que "that night was gonna be a good night" y para alegrar la noche y el resto del fin de semana nos quedamos con "Fruta Prohibida" de Dragón y Caballero en repeat en cada local.