Es muy larga y un poco truculenta la historia de cómo vine yo a estudiar lo que estudié. El caso es que me gradué de una carrera que lleva el nombre de: Ciencias Administrativas y Gerenciales Mención Mercadeo. La traducción es simple: Gerencia (que no es lo mismo que administración) con un especialidad en Mercadeo.
Mi mamá se vino a aprender el nombre de mi carrera hace poco. Siempre pensó que estudiaba una "carrera inventada". Cuando la gente le preguntaba qué hacía su hija la del medio daba una respuesta aleatoria:
- Ella estudió Aduanas.
- Se graduó en Comercio Exterior.
- Licenciada en Contaduría.
Así se los quitaba de encima y ella se sentía tranquila de dar una respuesta. Para argumentar sus salidas, sólo puedo decir que las verdaderas carreras tanto para ella como para mi papá eran: Derecho, Ingeniería, Medicina y Odontología.
Padre Ingeniero Electricista y en Electrónica y madre Odontólogo, ambos graduados con honores de las más prestigiosas Universidades del país, por supuesto que iban a menospreciar una carrera cuyo nombre no cabe en una planilla y, de paso, en la Universidad privada de la ciudad donde estudian el 99% de los sifrinos. El 1% restante son becados.
Yo, una humanista entregada, cuyas opciones de carrera eran:
- Artes dramáticas.
- Comunicación Social Mención Impresos.
- Idiomas,
Se vio realmente sorprendida cuando, de corazón, le gustaba estudiar una carrera que empezaba por la palabra "Ciencias".
Ok. Está bien. Resumiré un poco la historia:
Hice teatro todo Bachillerato. En el último año del Colegio tuve la oportunidad de ganarme una beca para estudiar Artes Dramáticas en Caracas y, cuando felizmente se los conté a mis padres, los vi llorar juntos…pero de la risa. Me dijeron que eso era un hobby y no una carrera. Apliqué la ley del hielo, hice huelga de habla y lo único que obtuve fue quedarme sin carro y sin mesada, por lo que la elocuencia me volvió muy rápido.
Luego quise venirme a estudiar Comunicación Social en La Universidad Católica Andrés Bello, becada por la universidad pues tuve el puntaje más alto de la prueba interna y ahí vino otro rotundo: NO. "Caracas es muy peligrosa"
Para hacerlo un poco más traumático, como si ya no bastara, estaba de vacaciones cuando venían las inscripciones de las distintas universidades, por lo que le dije a mi mamá que me inscribiera ella. Por el índice de CNU, había quedado en cualquier Facultad, confié en que mi mamá iba a escoger algo tipo FACES pero no, esa noche me llamó para que comprara un pasaje y me devolviera a Valencia pues comenzaba el lunes siguiente nada más y nada menos que en Ingeniería en la UC.
Fue el fin de mi felicidad. Lloré como Magdalena, iba arrecha a la Universidad todos los días, maldecía a los perros sarnosos que veían clases conmigo en el salón, a los profesores gordos y babosos, al calor que hacía, a lo horrible del edificio, al olor a fritanga del Boulevard. Era el acabose.
Cierto día me levanté con la firme convicción de que no volvería a la Universidad y, por obra del destino, mi mejor amiga del Colegio me llamó para declararse en el mismo proceso, sólo que ella se devolvía de Caracas pues no la había aguantado. Juntas nos inscribimos en la Universidad de donde hoy somos felizmente egresadas.
Ahora bien, todo este preámbulo tan dramático viene por lo siguiente: desde que empecé la Universidad de una u otra manera he estado en el campo laboral. Inicié administrando negocios familiares, de ahí salté a Ford Motors de Venezuela para terminar siendo Gerente de Mercadeo y Convenios de una Clínica Oftalmológica. Toda mi experiencia real había estado orientada 100% al Marketing y eso, ha sido algo que gracias a las vueltas que dio mi vida, descubrí que verdaderamente me apasiona.
Hoy en día trabajo en una transnacional de consumo masivo en el área de Compras, específicamente Compras de Mercadeo. Pensé que el vínculo a Marketing iba a mantener vivo ese espíritu Marketing Oriented que había despertado en mí. Por un poco más de un año he estado sumergida en este departamento, lidiando con indicadores, medidas y términos muy distintos a los que en realidad describen el Mercadeo, pero ¡Oh, Sorpresa! Me ha encantado también.
Gracias a un entrenamiento que tuve en la semana con el equipo de Marketing de la empresa, sorpresivamente mis cimientos marketeros cayeron un piso. Hoy veo a ese departamento como personas con un pensamiento distinto al mío. ¿Cuándo fue que esto pasó?
Las personas que estudian Marketing, tenemos una manera muy peculiar de expresarnos. Básicamente necesitas en cada momento vender tus ideas. Tanto así que, no importa que hagas parecer que la gran idea proviene de tu interlocutor, siempre y cuando se haga lo que TÚ QUIERES.
Esta condición la llevas a cualquier plano, desde la relación con tu novio hasta en tu propia manera de caminar. Hay conversaciones personales que las he llegado a ver como parte de una campaña. Eso verdaderamente me divierte, es una manera de vivir.
Pero no basta con vender tus ideas, con plantearlas de la mejor forma y llegar a influenciar y convencer a la audiencia. El punto realmente importante está en sacar provecho a la acción que generaste.
La principal herramienta que tiene un comprador es la capacidad de negociación. Entiéndase negociación no como un enfrentamiento, sino como la interacción que te lleva a un acuerdo.
El detalle está justamente en que SIEMPRE queremos un acuerdo que nos beneficie a nosotros. Puedes considerar a la otra parte en algunos casos, pero no necesariamente en todos.
Ejemplo: al negociar algo con tu mamá, no querrás que ella salga jodida. Pero al negociar con un equis en la calle, probablemente lo hagas perder incluso sin darte cuenta. Aquí es donde la ética y los valores deben interceder.
Actualmente tengo la persuasión del marketero unida a la objetividad del comprador, es decir las herramientas para vender mis ideas de la mejor forma y además obtener un beneficio maximizado. De verdad, hay días que ni yo me soporto.
Todo esto me hace preguntarme: ¿Cuántas vueltas tiene que dar la vida para llegar a ser lo que nunca pensaste ser? Yo lo que quería era estar en las tablas ante una audiencia y que me recompensaran con aplausos y hoy en día soy una máquina calculadora que al verte la pupila debería saber cómo hablarte y cuánto obtener a cambio.
De las tablas a una PYME, a la industria automotriz, a la rama médica-oftalmológica a la industria del consumo masivo. ¿Qué pasaría si a esta mezcla le agregamos que me ponga a echar fuego por la boca en un semáforo?
Hoy, agradezco al ente superior que hizo que las cosas se dieran tal y como han pasado, pues estoy súper conforme con lo que hago, con lo que puedo ser. Pero la pregunta de las ochenta mil lochas es: ¿Qué pasa con aquellos que la vida les ha dado la vuelta y no están felices con lo que hoy hacen, con lo que hoy son?
God help you, guys.