domingo, 29 de noviembre de 2009

November Rain

November Rain, de Guns N' Roses es una de mis canciones preferidas. Me recuerda a una época chévere de cuando era chiquita; iba en las noches al cuarto de mi hermano para que me pusiera el disco en su repro.

Sin embargo, con esta canción me pasa algo: me encanta pero me pone muy triste. (Con Don't Cry también me pasa, que es la primera parte de una trilogía de canciones de Axl Rose seguida por November Rain)

Noviembre, el mes de esta canción, no es el mejor para mí. Y este, particularmente no lo ha sido porque:

  • He estado más ocupada que nunca en cosas del trabajo. He trabajado incluso los fines de semana. (Nótese que este es apenas mi segundo Post del mes)
  • Por estar tan ocupada con cosas del trabajo, no pude ir a Valencia a la despedida de mi prima (quien en realidad es mi hermana, vive conmigo desde hace más de 10 años) que se fue a vivir a Portugal.
  • Pasé la mitad del mes sin carro.
  • Cumple años mi mami y es el segundo año consecutivo que no lo podré celebrar con ella.
  • He recibido en la oficina las noticias más impactantes del año: para bien y para mal.
  • Empezaron las gaitas recordándome que llega diciembre y tengo sentimientos encontrados con este mes. Lo amo por los recuerdos de cuando era niña. Lo odio por los recuerdos de cuando dejé de serlo.
  • NOviembre = NOstalgia.
  • Solía ser el mes de la Feria de Valencia, léase el mes de la felicidad. Hoy no quedan rastros de lo que fue nuestra Feria.
  • Es un mes que presiona: a cerrar ciclos, a cumplir metas, a tomar decisiones fuertes, a despedirse. Ya el año se va a acabar.
  • Justo en noviembre, siempre hay alguien a quien extraño tanto que duele.

Como en el Blog de Marielisa, esta canción es mi Soundtrack del mes, mezclando muchas cosas buenas, con algunas que no lo son tanto. Es como tener frío-calor.

Este año quiero despedir a noviembre con una sonrisa a pesar de todo y tengo fe que el próximo todo será mejor. 'Cause nothing lasts forever, even cold November Rain.



lunes, 9 de noviembre de 2009

En Caracas se Come Rico y el Maltrato Va por la Casa

Yo debería tener una etiqueta que se llamara algo como "Anécdotas Restaurantarias" para contar las cosas insólitas que vivo la mitad de las veces que voy a comer a un restaurant.

Puedo recordar algunas que ya están en este Blog, como la vez de la comida deconstruída o cuando casi se acaba el mundo en el restaurant italiano.

Pero este fin de semana, tuvo la particularidad de que cada día pasó algo distinto.

VIERNES: El honesto e ilustrativo mesonero.

Voy a almorzar a un restaurant chino con unas amigas. Cuando llegan los platos y empezamos a comer, una de ellas pone cara de que en dos segundos va a vomitar.

Sí, no es difícil concluir que al tratarse de un restaurant chino, algo grotesco vino en su comida. Esta vez no fue cola de rata, hocico de gato ni nada TAN grave.

Amiga: Señor, por favor retire el plato. Vino algo en mi comida
Mesonero: ¿En serio? ¿Qué vino esta vez? [Nótese que el individuo está a la expectativa. El factor sorpresa lo cautiva. Los platos servidos son como un cotillón]
Amiga: Un pelo.
Mesonero (Asomado viendo el plato): Cónchale...¡qué broma! Desea que le traiga algo más, señorita. ¿El mismo plato le provoca? ¿O quiere algo distinto? [Nótese que el individuo nos ve cara de estúpidas]
Amiga: No señor, gracias. Se me quitó el hambre. Creo que deberían descontarnos el plato de la cuenta y hacernos una consideración adicional, porque acá nadie quiere seguir comiendo [Nótese que después de todo, ella es Polite]
Mesonero: ¡Estoy completamente de acuerdo! Ya estoy cansado de pasar pena. Siempre es lo mismo, que si un cabello, que si un…
Todas: ¡NO, NO, NO, NO! Por favor no explique más. Déjelo así.

SÁBADO (3:00 pm): "Este-si-es-arrecho"

Un amigo me invita a comer. Ninguno de los dos tenía un antojo específico así que me meto en Twitter a ver las recomendaciones del "Sábado Almuerzístico" de Hoy que Hay.
¡Listo! Chupe de Pollo en La Castellana. Averiguamos dónde queda el sitio, atravesamos la ciudad y finalmente llegamos.

Amigo: Buenas tardes.
Mesonero (Entregando el Menú): Buenas tardes amigos. Les recomiendo ordenar algo bien ligerito, para que coman rápido y se vayan porque ya estamos cerrando.
Yo (En shock): Señor, ¿pero y el chupe?
Amigo (Encabronado): No María. No hay chupe, no hay comida, nos vamos YA.
Mesonero (Gritando a nuestras espaldas): ¡Hey!
El chupe es sólo los viernes.

DOMINGO: El mesonero Careculo regañón.

Voy a comer con un grupo. Nos sentamos, el mesonero toma la orden con la peor careculo que es capaz de mostrar. Mientras esperamos incontables minutos que traigan el pedido, nos vamos asando simultáneamente con un bombillo que está junto a la mesa.

Llamamos al mesonero más cercano y le "pedimos permiso" para cambiarnos de sitio. Nos consigue una mesa justo al lado y seguimos esperando.

Llega entonces el primer mesonero.

Mesonero: Pero bueno, ¿no estaban en la otra mesa?
Amiga 1: Sí, nos movimos porque el bombillo nos daba mucho calor.
Mesonero: ¿Y quién les dio ese permiso?
Amiga 2: Pues nosotros le dijimos a otro mesonero.
Mesonero: Pues YO soy el dueño de la mesa.
Amiga 2: Pues ¿qué quiere Ud., que yo haga? Ya estamos aquí y YO soy la dueña de la plata. Por favor, traiga cubiertos.

Ese día, estoy segura de que comí escupido.

***

La verdad, ya me da ladilla volver al tema del servicio en Venezuela. Probablemente a Ustedes les dé ladilla leerlo también. Pero es que, sinceramente, se nos va de las manos.

Yo trabajo comprando un determinado servicio a nivel andino y, estando basada en Venezuela, puedo asegurar que el país más gonorrea de todos es éste, aun cuando teóricamente debería ser más complicado trabajar de manera remota con los otros, pues no estoy el 100% del tiempo en ellos con supervisión directa, entre 100 factores más.

Creo que ya no es sólo cuestión de criticar este hecho y esperar que por milagro, las cosas cambien. Lamentablemente, las variables sociales, económicas, culturales, etc. Que moldean esta conducta pueden ser influenciables sólo en un largo plazo para obtener cambios.

Es por eso que quizás sea más fácil empezar a cambiar la tolerancia y reacción de nosotros como clientes, como consumidores para de una u otra manera madurar una cultura de servicio en pañales. Quizás sea el momento de empezar a EXIGIR. Tendremos que comernos unos cuantos escupitajos, pasar unas cuantas arrecheras y sufrir bastantes indigestiones…pero nos toca.