lunes, 26 de abril de 2010

I think I am paranoid?

Hace unos días estuve de viaje (fuera de Venezuela) y me pasaron dos cosas que sólo el venezolano o quien haya vivido aquí, puede entender. Si nos ponemos a pensarlo caemos en depresión, pero a simple vista es hasta jocoso.

EPISODIO 1

Un día voy al cajero a retirar efectivo; el taxista espera estacionado frente a la acera mientras realizo la transacción. Una vez la máquina escupe los billetes procedo a girar el cuello en todas direcciones y salir de la cabina caminando rapidito hasta montarme en el taxi. Ya dentro del carro, mientras el taxista se incorpora a la avenida, me dispongo a guardar el dinero dentro de la cartera cuando de repente siento la presencia de dos entes que pasan al lado de mi ventana.

MdlA.-: ¡AAAAHHHH! – grito automática y sostenidamente abrazada a la cartera, agachando la cabeza y casi pegada al piso. Esperaba el quieto en cualquier momento.
Taxista: ¡AAAAHHHH! – grita desesperadamente soltando el volante y girando la cabeza hacia atrás - ¿Qué pasó? ¿Qué pasó? ¿Un animal? ¿QUÉ PASA?

Me percato entonces que los individuos ya no estaban y, cuando levanto la cabeza, iban por la esquina de la cuadra conversando amenamente sin imaginarse la reacción que habían generado.
Tomo aire por la nariz, lo boto por la boca, me estiro las arrugas del vestido, trago saliva y digo:

MdlA.-: Disculpe Señor, me asusté. Pasaron caminando esos dos tipos justo al lado de mi ventana – explico como un argumento suficientemente fuerte para mi reacción.
Taxista: Pero…Señorita. ¡Esa es la acera! ¡Por ahí pasa la gente caminando!

EPISODIO 2

Voy en una cola con un taxista. Como llevaba un paquete grande en la maletera de la camioneta, me siento en el puesto de copiloto. Saco el BlackBerry, estiro mi brazo hacia abajo hasta donde da de manera de que no se vea por la ventana, mantengo la cabeza recta y bajo sólo los ojitos (ocultos por lentes de sol) para leer y responder los mensajes.

Taxista: ¡Ay señorita! ¡Qué pena! Tan joven y no ve de cerca.
MdlA.- (Ataque de risa)

¡Qué calidad de vida la de los venezolanos!

jueves, 8 de abril de 2010

Acento Prosódico

Eres mi acento prosódico: estás pero no te ves jamás.
Quiero que sepas que desde hoy todas las palabras que pronuncie donde tu estés -sin estar- perderán el ritmo, porque sencillamente no te quiero más.
Estás llenando de nada mis días, eres inutil, lo único que has hecho es confundir. Eres como tener a la mamá...pero muerta. Así que termínate de largar y please, no te despidas.

Best Regards,

MdlA.-

miércoles, 7 de abril de 2010

Te Hablo Desde el Dolor

Te hablo desde el dolor. Aquél que sólo quiere herir como el mecanismo de defensa más trillado de la raza. El dolor que me evidencia un ser humano en la miseria.

El que me hace decir cosas que no pasan por el filtro de la racionalidad, pues esa ya no existe entre tanta neblina. Ese que no logras ubicar en un punto específico del pecho, que te punza al respirar; que al inhalar lo sientes revolotear entre el ombligo y el corazón y al exhalar sale en forma de un grito mudo, de una mancha negra en el aire, de un calor infernal y que, de tan áspero, cuando pasa por la garganta te hace un nudo que no te deja hablar. ¿Te ha pasado?

Es ese dolor tan árido que tiene un efecto nuclear: seca las lágrimas, arruga como pasa al corazón, arranca de raíz los sentimientos positivos, marchita las ganas de vivir. Por más que quieras llorar, no lo haces. No tienes fuerza para explotar, expulsar lo que quedó desde lo más profundo hacia el exterior, hacer catarsis. ¿Lo has sentido?

Me refiero al dolor de alguien que te compartió, a quien mentiste y utilizaste, a quien juzgaste y negaste el perdón; el dolor de alguien que te entregó todo, que te abrazó cada noche antes de dormir así no te tuviera ni cerca, que te endosó el tiempo de su vida sin discriminar presente, pasado o futuro, que te hizo reír, que rezó por ti, que te enseñó a ser mejor…y al final dejaste. Es el dolor de un injustamente sustituido, de aquel que le roban el mérito, del olvidado sin gloria. ¿Te parece conocido?

Es el que me hace escupirte que eres despreciable, que preferiría no haberte conocido, que estoy harta de que estés en todos los capítulos, que ojalá tuviera un switch, que si pudiera te pegaría con todas mis fuerzas pues si tú no tienes sentimientos quiero que te duela aunque sea la piel, que me encantaría que sufrieras más que yo y poderme reír de eso, que no te deseo bien ni hoy ni nunca. Si tuvieras alma, madre, corazón, quisiera que sintieras desdicha, arrepentimiento sin remedio, condena, miseria por la bendita eternidad. ¿Te gustaría?

Quisiera realmente disfrutar de los sentimientos negros que me regaló la humanidad y desearte lo peor por causarme este dolor de mierda. Pero, ¿Puedo no amarte más?