Hay cosas que pensamos que nunca van a cambiar. Yo jamás pensé –por ejemplo- que a esta edad mis nalgas decidieran crecer. Ni que me iba a gustar hacer ejercicios. Que fuera a dejar de fumar. O que pudiera tener a un gringo de novio. Yo nunca pensé que podía tener una relación sana.
Si mis ex supieran todo lo cuaima que hoy NO soy seguramente se arrecharían. Es más, hasta podría ser un titular de @La_Patilla: “Joven exige ante un tribunal que su ex se cuaimatice y domine a su novio actual, tal como lo jodió a él”
Si mis ex supieran todo lo cuaima que hoy NO soy seguramente se arrecharían. Es más, hasta podría ser un titular de @La_Patilla: “Joven exige ante un tribunal que su ex se cuaimatice y domine a su novio actual, tal como lo jodió a él”
Yo he cambiado.
Mi amigo Míster me escribió hace un par de meses un correo que no supe ni siquiera cómo responder. Fue una construcción de assumption tras assumption de mi propia actitud ante la vida que me agarró fuera de base. Un supuesto fue cierto (en los cimientos), pero otro fue una hipótesis que, aun con alta probabilidad de ocurrencia, hoy resulta ser falsa. Cuando Míster lea este Post, espero que: 1) Lo tome como respuesta a un mail que nunca le contesté, 2) me disculpe por la demora y, 3) Se sienta feliz de que rechace su teoría.
Y aquí voy…
Al leer los post viejos de este Blog me pasa algo muy raro- Cuando paso por las épocas escabrosas “veo” mi dolor como reflejado en un espejo, pero ya no lo siento. Eso no quiere decir que se me olvide lo que sufrí, quiere decir que gracias a Dios, las heridas sanaron bien.
Pasa que mis registros negativos del pasado me han servido para lo que yo llamo: “tener la cabeza recta” es decir, para quitarme la altanería de ver por encima a los demás y al mismo tiempo para no cargar la típica cabeza baja de tristeza y derrota, que no permite estar alerta de lo que viene de frente, sea bueno o malo. Tener la cabeza recta me deja enfocar la meta mientras disfruto del camino.
Sé de dónde vengo y quiénes me dieron la pata e’ gallina para estar aquí. A diferencia de antes, no sólo sé lo que NO quiero –gracias a lo vivido-…ahora también sé lo que sí. Mi último año ha sido básicamente de una drástica transformación espiritual, una separación de todo tipo de vicios, desde los físicos hasta los del alma. Alejarme de ciertas personas y situaciones ha reforzado y reformado mi vida. La vida misma me habló sobre humildad, sobre respeto, sobre el amor…como algo no sólo que debo dar al universo, sino también aprender a recibir de él.
En este proceso de entender la dinámica de la reciprocidad, Dios me ha bendecido con nuevas personas, oportunidades y virtudes. Abrí la puerta para echar lo negro y lo gris y hacerle espacio a las buenas vibras, como dice mi profesor de yoga, “con la curiosidad de un niño”.
Existe algo que increíblemente ha dejado de funcionar en mí…y es tener siempre la máquina de recuerdos encendida. Más allá de mis arranques de nostalgia por un Momento, he encontrado mayor placer en el presente, más esperanza en el futuro y una necesidad inmensa de agradecer a Dios por cada minuto, con sus pros & cons. Lo que tomo del almanaque vencido es uno que otro aprendizaje para poder aplicarlo hoy. Es parte de vivir ¿no? Intentarlo, llevar coñazos y, a veces, pegarla del techo.
Mientras más aprendo, más ignorante me descubro. Esos pocos aprendizajes que quedan no pretendo hacerlos cátedra…sólo quiero tener el alma despierta para detectar en mi limitado radio una necesidad y de alguna manera poder ayudar. Ayudar y “no joder” son mejores amigos, así que aproveché de bajarle dos.
Hace poco leí un libro llamado “Three Cups of Tea” que es súper inspirational. Aun con la dudosa reputación del autor y el sentido común retando la veracidad de los hechos, en mi opinión cumple un excelente cometido que es hacerte reflexionar desde: ¿qué estoy haciendo con mi vida? Hasta ¡Quiero ser misionera!
Te hace darte cuenta cuando no estás ayudando a nadie…ni siquiera a ti mismo.
Yo hace aproximadamente un año cree una ONG conmigo como causa. Poco a poco se viene el efecto amplificador.
P.S: Again, thank you, Mr.


