miércoles, 30 de noviembre de 2011

Respuesta a un Míster: Efecto Amplificador

Hay cosas que pensamos que nunca van a cambiar. Yo jamás pensé –por ejemplo- que a esta edad mis nalgas decidieran crecer. Ni que me iba a gustar hacer ejercicios. Que fuera a dejar de fumar. O que pudiera tener a un gringo de novio. Yo nunca pensé que podía tener una relación sana.

Si mis ex supieran todo lo cuaima que hoy NO soy seguramente se arrecharían.  Es más, hasta podría ser un titular de @La_Patilla: “Joven exige ante un tribunal que su ex se cuaimatice y domine a su novio actual, tal como lo jodió a él”

Yo he cambiado.

Mi amigo Míster me escribió hace un par de meses un correo que no supe ni siquiera cómo responder. Fue una construcción de assumption tras assumption de mi propia actitud ante la vida que me agarró fuera de base. Un supuesto fue cierto (en los cimientos), pero otro fue una hipótesis que, aun con alta probabilidad de ocurrencia, hoy resulta ser falsa. Cuando Míster lea este Post, espero que: 1)  Lo tome como respuesta a un mail que nunca le contesté, 2) me disculpe por la demora y, 3) Se sienta feliz de que rechace su teoría.

Y aquí voy…

Al leer los post viejos de este Blog me pasa algo muy raro- Cuando paso por las épocas escabrosas “veo” mi dolor como reflejado en un espejo, pero ya no lo siento. Eso no quiere decir que se me olvide lo que sufrí, quiere decir que gracias a Dios, las heridas sanaron bien.

Pasa que mis registros negativos del pasado me han servido para lo que yo llamo: “tener la cabeza recta” es decir, para quitarme la altanería de ver por encima a los demás y al mismo tiempo para no cargar la típica cabeza baja de tristeza y derrota, que no permite estar alerta de lo que viene de frente, sea bueno o malo. Tener la cabeza recta me deja enfocar la meta mientras disfruto del camino.

Sé de dónde vengo y quiénes me dieron la pata e’ gallina para estar aquí. A diferencia de antes, no sólo sé lo que NO quiero –gracias a lo vivido-…ahora también sé lo que sí. Mi último año ha sido básicamente de una drástica transformación espiritual, una separación de todo tipo de vicios, desde los físicos hasta los del alma. Alejarme de ciertas personas y situaciones ha reforzado y reformado mi vida. La vida misma me habló sobre humildad, sobre respeto, sobre el amor…como algo no sólo que debo dar al universo, sino también aprender a recibir de él.

En este proceso de entender la dinámica de la reciprocidad, Dios me ha bendecido con nuevas personas, oportunidades y virtudes. Abrí la puerta para echar lo negro y lo gris y hacerle espacio a las buenas vibras, como dice mi profesor de yoga, “con la curiosidad de un niño”.

Existe algo que increíblemente ha dejado de funcionar en mí…y es tener siempre la máquina de recuerdos encendida.  Más allá de mis arranques de nostalgia por un Momento, he encontrado mayor placer en el presente, más esperanza en el futuro y una necesidad inmensa de agradecer a Dios por cada minuto, con sus pros & cons. Lo que tomo del almanaque vencido es uno que otro aprendizaje para poder aplicarlo hoy. Es parte de vivir ¿no? Intentarlo, llevar coñazos y, a veces, pegarla del techo.

Mientras más aprendo, más ignorante me descubro. Esos pocos aprendizajes que quedan no pretendo hacerlos cátedra…sólo quiero tener el alma despierta para detectar en mi limitado radio una necesidad y de alguna manera poder ayudar. Ayudar y “no joder” son mejores amigos, así que aproveché de bajarle dos.

Hace poco leí un libro llamado “Three Cups of Tea” que es súper inspirational. Aun con la dudosa reputación del autor y el sentido común retando la veracidad de los hechos, en mi opinión cumple un excelente cometido que es hacerte reflexionar desde: ¿qué estoy haciendo con mi vida? Hasta ¡Quiero ser misionera!

Te hace darte cuenta cuando no estás ayudando a nadie…ni siquiera a ti mismo.

Yo hace aproximadamente un año cree una ONG conmigo como causa. Poco a poco se viene el efecto amplificador.

P.S: Again,
thank you, Mr. 

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Momento

Este Blog ha sido una línea del tiempo de mis emociones en lo que para mí es sin duda el período más trascendental de mi vida. Releyéndolo, se me hace cada vez más evidente que la mejor gasolina para crear contenido posteable, para identificar “o-Post-unidades” como @mayeyip las bautizó, son los bajos. La verdad, hoy no vine para quejarme.

Les quiero contar de otro tipo de guayabo; les quiero contar esta vez de la nostalgia de una época.

En este Blog están plasmados muchos picos, es una ideografía compuesta por fibras de corazón. Aquí se registran –como en un electrocardiograma- los pálpitos de un momento…y quizás la mayoría de las veces no se descubre el momento en sí.

Mi nostalgia se llama Caracas.
Como ciudad y como época. Como gente y como emoción.
Lo tangible y lo intangible que puede ser:

Una trotada en Vizcaya.
El cambalache.
Aquellos cortos que se hacían largos los miércoles en Trasnocho.
Suka como punto de encuentro.
Una pocilga y un bachelorette.
Citas emblemáticas en 360.
Citas clásicas en El Hatillo.
Las ferias del Libro.
Teatro.
Almuerzo de viernes en las Cachapas de Doña Inés.
Una cola en la plaza Francia, con vista al Obelisco y al Edificio Altamira, mi favorito.
Echar un pie en El Maní es Así.
Pepitos en la Texaco.
Belmont y Nestea.
Rock Band para no pensar.
Un desayuno en Mokambo.
Subir el Ávila un sábado.
Teatro.
Una rumba en Sawu rodeada de gente bonita.
Una rumba en teatro rodeada de gente cool.
Arepas en Las Mercedes cuando ya se hizo de día.
Perderme cien veces.
Fondue y vino para entrar en calor.
Ir a cien conciertos.
Un partido en el universitario yendo en contra del equipo local.
Visitas esperadas e inesperadas.
Nuevos amigos. Nueva familia.
Un “amor” perdido vs. cien desperdiciados.
Unos perros con facilistas.
Un faranduleo en Lola.
Bailar como si nadie me viera…most of the times.
Un poema recibido de quien menos te los esperas.
Agradecimiento.
Extraños que nunca dejan de serlo.
Extraños que ya no lo son.
5 noches de risa. 5 noches de llanto.
Teatro.
Mañanas brillantes con el cielo azulito.
Noches brillantes aun con el cielo negro.
La música fijándome los recuerdos.
El vino borrándome la amargura.
Un meeting Bloggers Unite.
Un almuerzo en los chinos de los Palos Grandes.
Muchas buenas conversas.
Más momentos divinos.
Un balcón frío.
Una cama tibia.
Descubrir(me).
Novedad en el aire.
Muchos intentos. Muchos fracasos.
Brodo quita-ratones de Come a Casa.
Unas quemaítas en La Guairita.
Una noche de Le Club terminada obligatoriamente en Teatro Bar, para compensar.
La Ruta del Vino.
Un clima perfecto.
El Ávila “regalándole al día cargas de buena energía”
Una dura y necesaria despedida.

Hoy sigo valorando cada ciclo, cada momento...aun más cuando justo está ocurriendo.