Empezó a caminar hacia la mesa sin verme a la cara, cargando la bandeja pesada del humeante pavo relleno. Al servirlo, el olor de la salvia se mezcló con su perfume; olía a los buenos tiempos. Para mi sorpresa también sirvió guiso de judías verdes y pastel de calabaza, mis acompañantes favoritos. Desde que Miguel se fue de casa lo había dejado de preparar. Nada podía estar mal.
Mientras yo servía las porciones de pavo en su plato y el mío, pensé en que hoy sería un buen día para proponerle unas vacaciones ¿al Caribe tal vez? ¡Que ella eligiera! Comimos casi en silencio; Miguel llamó a saludar y la comida se enfrío un poco en nuestros platos.-Gracias por la comida, todo quedó muy sabroso – Le dije al terminar, mientras servía más vino en su copa.
- Quiero el divorcio - fue su respuesta.
Ese fue, sin duda, el peor plato de Acción de Gracias que me comí.



2 comentarios:
Ouch!
Ouch!
Publicar un comentario en la entrada